Profesora Sara Wong escribe un capítulo de libro del #BID denominado: “El mercado de trabajo y los salarios mínimos en Ecuador”.

0
639

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) realizó el lanzamiento de la publicación:  Reformas y Desarrollo en el Ecuador Contemporáneo. De los editores: Javier Díaz-Cassou, Marta Ruiz-Arranz.

Una vez superada la crisis financiera de finales del siglo pasado, Ecuador se adentró en una prolongada etapa de crecimiento económico que permitió reducir la incidencia de la pobreza a mínimos históricos y favoreció el surgimiento de una clase media pujante. Sin embargo, el estallido del shock petrolero a finales de 2014 volvió a empujar al país a una coyuntura de inestabilidad económica que pone en entredicho la sostenibilidad de algunos de los avances logrados en el pasado reciente. Este libro analiza los pilares del modelo de desarrollo que se conformó gradualmente en Ecuador durante las últimas dos décadas.

Uno de los capítulos, el 16, fue escrito por la profesora de ESPAE Sara Wong. El capítulo se denomina: “El mercado de trabajo y los salarios mínimos en Ecuador”. Y estas son sus conclusiones: En el presente capítulo se ha pasado revista a la política laboral implementada en Ecuador durante la década pasada, destacando que la misma se centró sobre todo en fomentar una mayor estabilidad laboral y en aumentar el salario real de los trabajadores con los niveles de ingreso más bajos, al menos hasta el shock de 2014. Se destacó especialmente la importancia de haber eliminado la tercerización y la intermediación laboral, que a su vez podría tomarse como uno de los factores que subyacen a la reducción de las tasas de subempleo que tuvo lugar hasta la irrupción de la crisis petrolera de finales de 2014.

No obstante, los años en los que se produjeron estos avances han sido también años de bonanza económica, impulsada esta por los elevados precios del petróleo y otras materias primas. Ello lleva a que resulte difícil determinar si la dinámica del mercado de trabajo que se observó en dicho período se debió a la política laboral en sí o a otros factores no directamente vinculados con la misma, como el empleo generado en los sectores de la construcción y los servicios gracias a la inversión pública, además del incremento en el número y sueldo de los servidores públicos.

A diferencia de lo que sucede con otros componentes de la política laboral ecuatoriana, es posible aislar empíricamente el efecto causal asociado a los incrementos del salario mínimo. Sobre la base de Wong (2018) (“Minimum wage impacts on wages and hours worked of low-income workers in Ecuador”), este capítulo muestra que la aplicación de dicha política contribuyó a aumentar los salarios de los trabajadores de ingresos más bajos y a una compresión en la distribución del ingreso, lo cual podría ayudar a explicar la reducción de la desigualdad observada durante la década objeto de estudio, aunque deben realizarse otros estudios para determinar causalidad entre los incrementos en los salarios mínimos y la reducción en la desigualdad por ingreso observada.

Asimismo, cabe preguntarse si el énfasis en la estabilidad y el aumento del salario mínimo en los años previos al shock amplificaron el impacto adverso del mismo sobre el mercado laboral. De hecho, en Ecuador determinados actores del sector privado presionan para responder al shock macroeconómico negativo mediante la flexibilización de la normativa laboral, en particular a través de una “devaluación interna” que permita reducir costos laborales salariales. El argumento es que, en una economía dolarizada, si el ajuste no puede producirse vía precios y salarios, tendrá lugar vía cantidades, aumentando el desempleo, el subempleo o la informalidad. Los datos presentados para los años del shock macroeconómico dan cuenta de un incremento del subempleo y el desempleo juvenil, y de una informalidad todavía elevada en Ecuador.

Sin embargo, y precisamente en el contexto de una economía sin moneda propia, estudios recientes advierten que las disminuciones de los costos laborales salariales —como una forma de estimular el empleo— tienen sus limitaciones: las ganancias en términos de empleo pueden ser muy pequeñas con el costo de reducir el bienestar de los trabajadores. La solución para enfrentar el shock negativo no se debe enfocar en reducir los costos salariales.

Para lograr que el país sea capaz de generar empleos formales de calidad, es clave que la política macroeconómica garantice estabilidad sin descuidar la inversión pública, y que se implementen políticas estructurales que promuevan el crecimiento de sectores con potencial de absorción de mano de obra. Finalmente, la aplicación de la política laboral tiene que considerar al sector privado y a la academia como parte de la solución, lo que requiere integrarlos a los objetivos de mejora en términos de productividad y empleo, además de establecer procesos de monitoreo y evaluaciones de los programas y políticas aplicadas o por aplicar.

Para conocer más puede visita el siguiente enlace: https://publications.iadb.org/handle/11319/9235